San José y su vida. Una ofrenda al Señor – Solemnidad 19 de marzo

Solemnidad 19 de marzo

San José y su vida

Una ofrenda al Señor

San José, por fidelidad al plan de Dios, convirtió su proyecto humano de formar una familia con María en una ofrenda de sí mismo, para ponerse al servicio de Jesús y de la misión que Dios le había confiado. Sacrifica su proyecto de vida inicial para seguir la vocación que le es confiada. Su corazón de padre va aprendiendo a amar y darse con una profundidad nueva. Así crece, como dice todavía el Papa, en la obediencia de la fe. A través del ansia de haber perdido a Jesús cuando era adolescente y a través de la angustia que -según el evangelio de San Mateo (Mt 1, 16-24) – experimentó en la infancia de Jesús, pasaba el proyecto salvador de Dios. De este modo, –según la Carta Apostólica mencionada- san José «nos enseña que tener fe en Dios incluye, además, creer que él puede actuar incluso a través de nuestros miedos, de nuestras fragilidades, de la nuestra debilidad. Y nos enseña, también, que en medio de las tormentas de la vida, no debemos tener miedo de ceder a Dios el timón de nuestra barca, porque, aunque muchas veces quisiéramos tenerlo todo controlado, Dios tiene siempre una mirada más amplia que la nuestra y sabe qué nos conviene para nuestro bien. Por eso le hemos de tenerle confianza. Como lo hizo José, sin poner condiciones.
San José, que -como dice el Papa- los evangelios presentan como un hombre que no se resigna pasivamente, sino como un creyente valiente y fuerte, nos es un modelo, sin embargo, de cómo aceptar los acontecimientos de nuestra historia personal y colectiva, dejando de lado nuestros razonamientos prefabricados, para acogerlos con responsabilidad y con confianza en el plan de Dios sobre cada uno de nosotros y sobre el mundo; un plan que siempre es de amor aunque pueda conllevar sufrimientos y decepciones.
Aquel J”osé, hijo de David, no temas” (Mt 1, 20), que le dirigió el enviado de Dios al anunciarle cuál era su misión, también vale para nosotros y nos da una fortaleza llena de esperanza para acoger todos los hechos de la vida con coraje y para trabajar a favor de los demás, particularmente en la situación

dolorosa y preocupante que nos deja la pandemia a nivel de pérdidas de vidas, de dificultades familiares y sociales, de situaciones económicas y laborales, etc. El ansia a nivel existencial causada por la situación actual se puede transformar en una nueva oportunidad. Como la que vivieron José y María al perder a Jesús, se transformó en una especie de anticipación pascual, una vez que, al tercer día, lo vieron lleno de la vida y de la sabiduría que le venían de estar en la casa de su Padre celestial.
San José es una figura de creyente muy cercana a nuestra realidad humana. Nos enseña que creer no significa encontrar soluciones fáciles que consuelan y que la fe no es una evasión de la realidad, ni una consolación fácil. La fe que Jesucristo nos llama a vivir supone -como dice todavía el Papa- «afrontar con los ojos abiertos» la realidad y asumir «la responsabilidad en primera persona», con «coraje creativo», «sacando a la luz recursos que ni siquiera pensábamos tener «y transformando, con la ayuda de la gracia, los problemas en oportunidades. Aunque parezca que nuestra vida o nuestra historia esté sujeta a fuerzas adversas, «el Evangelio nos dice que Dios siempre encuentra un camino para cumplir su plan de salvación. Y «si a veces parece que Dios no nos ayuda, no quiere decir que nos haya abandonado, sino que confía en nosotros, en lo que podemos planear, inventar, encontrar».
De custodio del niño Jesús y de su Madre María, San José ha pasado a ser custodio, patrón, de la Iglesia, que es «la prolongación del Cuerpo de Cristo en la historia». Que él interceda por la Iglesia y por todos sus miembros en estos tiempos difíciles y de
crisis de fe. Que nos enseñe a confiar en Dios y a trabajar en la construcción del Reino de Dios. Que nos enseñe a amar a Jesús y su Evangelio, a amar a la Iglesia y los hermanos en humanidad, particularmente los que viven en la pobreza o son marginados de una manera u otra.

P. Josep M Soler, Abad de Montserrat
P. Josep M Soler, Abad de Montserrat

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