Bienaventurada Virgen del Rosario – 7 de octubre

Lic. Cristóbal Flores Borja

Fiesta 7 de octubre

El Rosario es, como dice su nombre, una rosa hecha de “Ave Marías” que se entrega a la Virgen. Hablar de los inicios de esta oración tan sencilla nos lleva hasta el Nuevo Testamento. El momento concretó es la Anunciación. El Arcángel San Gabriel saluda a la Virgen y lo hace con un “Alégrate Llena de Gracia”. Pero esto no queda así. La Virgen aún recibiría más homenajes de palabra.
Santa Isabel, la Madre de Juan el Bautista, recibe a María con alegría. Ella es quien le llama “bendita entre todas las mujeres como bendito es el fruto de su vientre, Jesús”. Esta es la primera parte del Avemaría, que la Iglesia se encarga de completar con el “Madre de Dios ruega por nosotros pecadores”.
Esto se ha aprendido en el hogar, en la escuela, y, sobre todo en las familias. Una familia cercana a esta oración es la de Santo Domingo de Guzmán. Dice la historia que el fundador de los dominicos es el introductor del Rosario. Había que difundir la fe desde al orden de Predicadores y una Madre debe ayudar. Esto es lo que debe hacer María y, para ello, hay que pedírselo. El Rosario empieza a tomar forma cuando se deciden unir hasta 50 Avemarías, distribuidas en 5 Misterios, que llegan a 15 porque tiene tres partes. La Primera parte, los Misterios Gozosos, habla de la Infancia de Cristo con la Anunciación, la Visitación de la Virgen, la Natividad, la Presentación y el Niño perdido y hallado en el Templo. La segunda abarca los Misterios Dolorosos que son: la Oración del Huerto, la Flagelación, la Coronación de espinas, la Cruz a Cuestas y la Crucifixión y Muerte en la Cruz. La Tercera Parte comprende los Misterios Gloriosos con la Resurrección, La Ascensión, el Envío del Espíritu Santo, la Asunción y la Realeza de María. Esto se ha ido transmitiendo hasta llegar a nuestros días.

Pero en el siglo XVI tiene lugar la famosa Batalla de Lepanto, donde los cristianos luchan y vencen a los turcos. San Pío V, el Papa en ese momento, es gran devoto del Rosario. Como Jefe de la Iglesia, ruega a los cristianos que recen el Rosario pidiendo a la Virgen la victoria en la lucha. Como lo logran, instituyó la fiesta de la “Virgen de las Victorias” el primer domingo de octubre y añadió el título de “Auxilio de los Cristianos” a las letanías a la Madre de Dios.
Más adelante, el Papa Gregorio XIII cambió el nombre de la Fiesta por el de “Nuestra Señora del Rosario”; y Clemente XI extendió la celebración a toda la Iglesia de Occidente. Posteriormente, San Pío X fijó la Fiesta para el 7 de octubre e inmortalizó estas palabras: “Denme un ejército que rece el Rosario y vencerá al mundo”.
Pero hay algo más. San Juan Pablo II añadió otra parte con los Misterios de la Luz, que recogen el Bautismo en el Jordán, las Bodas de Caná, La Predicación y la Conversión, la Transfiguración del Señor y la Institución de la Eucaristía.
Concluimos con esta hermosa oración del beato Bartolomé Longo, Apóstol del Rosario:
¡Oh Rosario bendito de María! Dulce cadena que nos une con Dios, vínculo de amor que nos une a los Ángeles, torre de salvación contra los asaltos del infierno, puerto seguro en el común naufragio, no te dejaremos jamás.
Tú serás nuestro consuelo en la hora de la agonía. Para ti el último beso de la vida que se apaga. Y el último susurro de nuestros labios será tu suave nombre, ¡Oh Reina del Rosario de Pompeya! ¡Oh Madre nuestra querida! ¡Oh Refugio de los pecadores! ¡Oh Soberana consoladora de los tristes! Que seas bendita por doquier, hoy y siempre, en la tierra y en el cielo. Amén.

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