Caminando hacia la Pascua

Caminando hacia la Pascua

Discursando en otras voces a nuestra voz semejante, lo cual es siempre posible porque la palabra nos precede como don y, en últimas, como EL DON, que ha sido glorificado y se empeña en glorificarnos.
Nos pudiéramos afirmar con el autor sagrado (hagiógrafo), hemos visto su gloria. “Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios (…) Todo fue hecho por medio de ella, y nada de lo que existe se hizo sin ella (…) Y la Palabra se hizo carne y puso su Morada entre nosotros, y hemos visto su gloria, la que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y verdad” (Juan 1, 1.3.14).
En el II Domingo de Cuaresma recibimos un adelanto de lo que es el Jesús glorificado, y lo que será, en nuestro caso, el hecho de ser glorificados con Él. En el ciclo litúrgico C, correspondiente a los años pares, el texto de la Trasfiguración se toma de la versión lucana (Lucas 9, 28-36). En esta, medio vigilantes, medio adormitados, en la persona de Pedro, Santiago y Juan, nosotros, pues, hemos pregustado su gloria. “Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño, pero permanecieron despiertos y vieron la gloria de Jesús y la de los dos hombres que estaban con Él” (versículo 32).
Al respecto de ese “estar amodorrados por el sueño” o “cargados de sueño”, que podría leerse en otras traducciones, observa el Papa Francisco que lo importante (lo esencial), al común de los mortales, suele toparnos en dicho estado (con su perdón, “tonteando”). Dice: “Causa asombro esta somnolencia en momentos tan importantes (…)
Hermanos, hermanas, ¿acaso no se parece este sueño fuera de lugar al sueño que nos entra en momentos que sabemos importantes? Tal vez por la tarde, cuando nos gustaría rezar, pasar un rato con Jesús después de un día de mil carreras y compromisos. O cuando es el momento de intercambiar unas palabras con la familia y ya no tienes fuerzas. Nos gustaría estar más despiertos, atentos, implicados, para no perder ocasiones únicas, pero no podemos, o lo hacemos de cualquier manera y poco”.
¿Cuándo, pues, las cosas importantes nos tomarán más despiertos; nos sorprenderán más atentos? “Entiendan bien: si el dueño de casa supiera a qué hora va a llegar el ladrón, no dejaría que entrara a su casa. Ustedes estén preparados, porque a la hora que menos lo piensen vendrá el Hijo del Hombre” (Lucas 12, 39-40).
 Porque se trata de cosas esenciales, esto es, de un tiempo oportuno para volverse a Dios (Joel 2, 12-13), para dejarse reconciliar por Él (II Corintios 5, 20), como se nos insiste el Miércoles de Ceniza, que apertura este caminar hacia la Pascua.

Si bien no es algo circunscrito, confinado, a este tiempo; son imperativos cristianos que aplican a todo tiempo, a todo nuestro camino de discipulado, de seguimiento al Señor.

Foto: formacionpastoralparalaicos.blogspot.com

Concluyamos con una breve contemplación de san Juan Eudes (s. XVII).

Adoremos a Jesús, redentor nuestro.
Por su pasión y con mucho padecimiento
nos liberó del pecado y de la muerte.
Démosle gracias.
Pidámosle perdón por haber usado mal de lo que a tanto precio
nos consiguió:
nuestro tiempo, nuestra vida, nuestra capacidad de obrar.
Entreguémonos a Él.
Siendo suyos por tantos títulos,
roguémosle que use de su poder y bondad
para poseernos completamente
y disponer de nosotros según su designio de amor.

Padre Óscar Tulio Londoño, cjm Vicario Parroquia Santa María del Paraíso.

Padre Óscar Tulio Londoño, cjm Vicario Parroquia Santa María del Paraíso.

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