El peligro de encasillar a los hijos

El peligro de encasillar a los hijos

Escuchar frases como “Es una llorona”, “El genio de la familia”, “El orgullo de esta casa”, “El deportista campeón”, “El loco”, “El malcriado”, etc., es muy común y normal en las familias. Las decimos con una facilidad sin darnos cuenta de lo que significan para el que las recibe.
Estas son etiquetas con las que marcamos o encasillamos a nuestros hijos, las cuales penetran en su mente y corazón y pueden influir negativamente en su desarrollo psicoafectivo.
Muchos de nosotros lo hacemos sin darnos cuenta del daño que estamos haciendo, en especial cuando lo que decimos es algo positivo, el genio, la mejor, el líder, la más bonita, etc., pero en general encasillar a alguien con una etiqueta no ayuda para nada al individuo.
Es como cuando uno encuentra un producto que tiene una etiqueta que dice “leche”, uno sabe que eso es leche y no es otra cosa más que leche, igual pasa con las etiquetas que les ponemos a nuestros hijos, por ejemplo “ella es la mejor en baile”, esa niña o adolescente no puede ser otra cosa más que eso y cuando no sea la mejor en el baile se sentirá perdida, una desilusión o fracaso, no sabrá quién es, porque siempre se ha identificado como la mejor en el baile, pero esa niña es muchas cosas más, quizás le gustan otras cosas o es buena en otras actividades, pero como siente el peso de esa etiqueta, pues le costará mucho intentar desarrollarse en otro ámbito o sentirse capaz de hacer otras cosas.

¿Qué estamos haciendo cuando etiquetamos a una persona?
Estamos sentenciado a un niño, joven y más adelante a un adulto a identificarse con una característica buena o mala que ha tenido, pero que no lo define como ser humano, sin embargo, esa persona siente que sí. Se siente como eso que le han dicho que es.
Cuando las etiquetas son positivas se sienten felices porque están haciendo felices a sus padres mientras cumplan esas expectativas, pero ¿qué pasa cuando no?, cuando se equivocan o no les va muy bien, se sienten que son una desilusión para esos padres y para ellos mismos, es decir una decepción. Esto afecta mucho su autoestima, es un peso que para un niño es grande, porque ese niño es mucho más que eso que le han dicho que es.

Foto: venezuelaaldia.com

Por eso es bueno identificar las habilidades de nuestros hijos, decirle “eres muy bueno pintando”, no es lo mismo que decir “eres el Picasso del Ecuador”, es mejor decir: “veo que se te hace fácil las matemáticas”, a decir: “eres el genio de las matemáticas”, si yo le digo que es bueno para algo o que lo hace muy bien o que se ve que se ha esforzado en ese deporte, ese niño no se sentirá definido por eso,sino feliz porque se ha esforzado y su esfuerzo tuvo frutos, así no los limitamos o encasillamos, sino que les hacemos sentir capaces.
Cuando las etiquetas son negativas, la situación es peor, porque el niño o joven se siente incapaz de ser otra cosa, de mejorar o cambiar, si yo le digo “eres el vago de la casa”, el niño por la madurez de su edad lo toma como una verdad, no lo siente como algo que se puede cambiar o trabajar para mejorarlo, no sabe que puede desarrollar esa habilidad y ser diferente, se sabe incapaz de ser otra cosa, entonces no va a intentar ser diferente, ya no se esfuerza. Es como no creer en ese niño, y el niño tampoco cree en sí mismo.
Las palabras que usamos con nuestros hijos influencian muchísimo la manera como se ven, ellos se van conociendo por lo que los adultos que los criamos le decimos que son, no nacen con una idea de quienes son, somos los padres, familiares y maestros que les vamos diciendo sobre cuáles son sus características físicas, psicológicas y mentales, en definitiva, su personalidad. Debemos cuidar lo que les decimos sobre ellos mismos, porque una vez que se identifica con una etiqueta de ser algo, les va a costar mucho salir de ahí e intentar ser diferentes o mejores, se quedan como encarcelados en esa marca.
Cuando halaguemos a nuestros hijos, enfoquémonos en el esfuerzo y siempre trasmitamos la confianza en ellos que pueden hacerlo bien, intentarlo o escoger otra cosa que les guste que quizás no es lo que nosotros como padres soñamos. Cada ser humano debe descubrir sus talentos y los padres debemos guiarlos, no forzarlos ni encasillarlos. Así tendremos hijos seguros, que se sienten amados, aceptados, y que son capaces.

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