A los Sagrados Corazones de Jesús y de María – 27 y 28 de junio

A los Sagrados Corazones de Jesús y de María

“Hoy somos un solo corazón”

San Juan Eudes (1601-1680)

Primeramente, una palabra sobre el santo que se tiene por “padre, doctor y apóstol” de su culto litúrgico, a saber: san Juan Eudes, sacerdote francés, del siglo XVII. Miembro del Oratorio del Cardenal Pedro de Bérulle. Del que saliera posteriormente para fundar la Congregación de Jesús y María (25 de marzo de 1643).
En la edición más reciente (año 2019) de las Constituciones de dicha Congregación puede leerse, respecto a su fundador y atinente propiamente al asunto que adelantamos, lo siguiente: “Hizo amar a Cristo y a la Virgen María, hablando sin cesar de su Corazón, signo del amor que Dios nos da y de la comunión a la que estamos llamados. Para tributarles un culto litúrgico, compuso misas y oficios e hizo celebrar la primera fiesta del Corazón de María el 8 de febrero de 1648 en Autun (Francia) y la del Corazón de Jesús el 20 de octubre de 1672”.

Maestro del Corazón
Bien, subrayamos la palabra Corazón, para ir a lo siguiente que argumenta un sacerdote eudista de origen colombiano, el P. Higinio Lopera, hablando de san Juan Eudes como Maestro que descubre el corazón y llega a través de él, dice: “Corazón es la palabra viviente que nos lleva a las profundidades del ser, de las personas, de Dios mismo y hace que todo lo que se dice tenga profundidad y sentido”. A lo que prosigue comentando:
“En la vida de toda persona es muy importante encontrar el sentido de la existencia, el sentido de lectura de la realidad. Encontrar esa dirección, esa clave que nos permite ser, pensar y actuar, da madurez, seguridad, disciplina, gozo y fecundidad. Es importante encontrar ese sentido para no perder tiempo en la vida: encontrar sentido en las cosas, en lo que se es, se trabaja, etc.
A veces basta encontrar una palabra que se convierte en la razón y en el sentido de la vida”.
En el caso, pues, de san Juan Eudes será la palabra Corazón.

“Esa fue la palabra que dio sentido a toda su vida, que lo llevó a ir siempre a lo profundo, a no quedarse en lo superficial, en la piel de las cosas; a encontrar que lo mejor que podemos experimentar y decir de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo: Es Corazón”. Igualmente, en nuestro caso: “Lo mejor que podemos hacer como cristianos es ir al corazón y no quedarnos en lo superficial delas cosas. El misterio más grande de Dios, de María, de la Iglesia y del cristiano, está en el abismo del corazón, en la intimidad de Dios, de la persona”.
Fiesta del Corazón de María Ahora, pasando propiamente a la invención de las fiestas del Corazón de María y la del Corazón de Jesús, lo comenta en estos términos.

Y no solo Jesús vive y permanece continuamente en el Corazón de María,
sino que él mismo es el Corazón de su Corazón. Por eso, allegarse al
Corazón de María es encontrarse con Jesús; honrar el Corazón de María
es honrar a Jesús; invocar al Corazón de María es invocar a Jesús.

La primera (año 1648): “Inventó la fiesta del Corazón de María para contemplar en Ella a la mujer ideal en el plan de Dios y para hacernos llegar al corazón de toda mujer necesitada y al mismo tiempo portadora de misericordia. Al celebrar el Corazón de María estamos celebrando la profundidad misma de María, en la que toda mujer encuentra el sentido a la vida: el amor como capacidad de amar y de ser amada”.

Fiesta del Corazón de Jesús
La segunda (año 1672): “Inventó la fiesta del Corazón de Jesús para hacernos llegar al corazón de todo hombre, sobre todo del más pobre necesitado de misericordia ( ) Al celebrar el Corazón de Jesús estamos celebrando la profundidad misma de Jesús, en la que todo hombre encuentra el sentido a la vida: el amor redentor, el amor oblativo, el amor entregado”. 

Pasemos ahora a dos textos de san Juan Eudes en los que se evidencia su trato delicado de la palabra Corazón, “su palabra mágica” en expresión del citado P. Higinio Lopera, en la cual decantó su vida de testigo de Cristo.

¿Por qué debemos honrar el Corazón de María?
“El corazón representa todo el interior del hombre, pero principalmente su amor. Por eso, cuando honramos al Corazón de María no queremos recordar algún misterio, acción o cualidad, y ni siquiera la persona dignísima de la Virgen, sino la fuente y el origen de la santidad de todo ello: su amor y caridad.
Porque este amor santificó todas sus acciones, las facultades de su espíritu, su vida exterior e interior, con sus virtudes y perfecciones. El amor la hizo digna de ser madre de Jesús y de todos los miembros de Cristo y fuente inagotable de gracias.
Vosotros, todos los sedientos, venid presurosos a beber de esta fuente. ¿Por qué vaciláis? ¿Teméis acaso rebajar la bondad de vuestro Redentor cuando os dirigís al Corazón de su madre? Porque María nada es, nada tiene y nada puede sino de Jesús, por él y en él. Es Jesús el que lo puede todo y lo hace todo en ella.
Y no solo Jesús vive y permanece continuamente en el Corazón de María, sino que él mismo es el Corazón de su Corazón. Por eso, allegarse al Corazón de María es encontrarse con Jesús; honrar el Corazón de María es honrar a Jesús; invocar al Corazón de María es invocar a Jesús.
Este Corazón admirable es el ejemplar y el modelo de nuestros corazones, y la perfección cristiana consiste en llegar a ser imágenes vivas del Corazón santo de María. Además, así como el Padre eterno concedió a María concebir a su Hijo primero en su Corazón y luego en su seno virginal, así también le dio poder de formarlo en el corazón de los hijos de Adán. Por eso, ella colabora en la obra de nuestra salvación, empleando con amor increíble este poder especial. Y como ella llevó y llevará eternamente a su Hijo Jesús en su Corazón, ha llevado también y llevará siempre con él a todos los miembros de la divina Cabeza, como a hijos muy queridos. Y como frutos de su Corazón maternal que ella presenta como oblación continua a la divina majestad”.

El Corazón de Jesús es amor que purifica y santifica
El Corazón de Jesús, nuestro Salvador, es una hoguera ardiente de amor por nosotros. De un amor que purifica, ilumina, santifica, transforma y deifica.
En ese amor se aquilatan los corazones más que el oro en el crisol.

Ese amor disipa las tinieblas del infierno que cubren la tierra y nos hace penetrar en la luz admirable del cielo, como nos dice san Pedro: Él nos ha llamado a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa (1Pe 2, 9).
Ese amor nos santifica, y destruye nuestro pecado para establecer el reino de la gracia.
Ese amor transforma las serpientes en palomas, los lobos en corderos, las fieras en ángeles, los hijos del demonio en hijos de Dios, los hijos de la cólera y la maldición en hijos de gracia y de bendición.
Finalmente es un amor que deifica: de hombres hace dioses, partícipes de la santidad de Dios, de su misericordia, paciencia, bondad, amor, caridad y demás perfecciones. En una palabra, nos hace partícipes de la naturaleza divina (2Pe 1, 4).
El Corazón de Jesús es una hoguera que envía sus llamas en todas las direcciones, en el cielo, en la tierra y en todo el universo, y enciende los corazones de los serafines y encendería todos los corazones humanos si los hielos del pecado no lo impidieran.
El Corazón de nuestro Redentor rebosa un amor extraordinario por los hombres, buenos y malos, amigos y enemigos. Es un amor tan ardiente que todos los torrentes y diluvios de sus pecados no logran apagarlo: Las aguas torrenciales no podrían apagar el amor (Ct 8, 7).
¡Llamas sagradas del Corazón de mi Salvador, venid a encender mi corazón y el de todos mis hermanos!

Si toda la caridad, afectos, ternura que se encontraran en todos los corazones que la omnipotencia de Dios podría formar se reunieran en un mismo corazón capaz de contenerlos como una inmensa hoguera de amor, todos los fuegos y llamas de esta hoguera no serían siquiera una mínima chispa del amor inmenso que arde en el Corazón de Jesús por nosotros.
¡Quién me diera hundirme en este fuego! ¡Oh, Madre de Jesús, ángeles, santos y santas de Jesús, me entrego a todos vosotros y os entrego también a todos mis hermanos y hermanas y a todos los habitantes de la tierra para que nos sumerjáis en lo más profundo de esta hoguera de amor!”.

Oremos con san Juan Eudes
Finalicemos con una oración de san Juan Eudes mismo, Amar a Jesús con el Corazón de María, que pueda suscitar sentimientos similares en nosotros.

Jesús, Hijo único de Dios e Hijo único de María, Tú has querido darnos un puesto en el rango de sus hijos y de sus hermanos.
Concédenos participar del amor que le tienes, y del amor que ella te profesa.
Padre Dios, danos amar a Jesús con el amor del Corazón de María, y amar a María con el Corazón de Jesús.
Que seamos un solo corazón y un solo amor con Jesús y María.
Amen.

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