Miércoles de Ceniza
18 de febrero
Miércoles de Ceniza e inicio de la Cuaresma
“¡Porque eres polvo,
y al polvo volverás!”
Comenzamos el santo tiempo de la Cuaresma, camino hacia la Pascua. Lo iniciamos reconociéndonos pecadores. La ceniza que vamos a recibir sobre nuestras cabezas es confesión de humildad; es confesión de arrepentimiento; es confesión de que sabemos quiénes somos y quién es Dios; es confesión de la disposición para ir hacia la Pascua decididos a una vida nueva. Y para eso, sabemos que necesitamos de la Gracia de Dios que se consigue con la oración, con el ayuno, con la limosna, pero también y sobre todo, con la Palabra de Dios que le da sentido a estas prácticas cuaresmales.
Con la Palabra de Dios lo escuchamos a Él, quien nos habla y nos dice qué tenemos que hacer, más allá de las prácticas cuaresmales. La Palabra de Dios nos ayuda a “abrir la puerta de nuestro corazón al otro”. Alguien podría realizar prácticas cuaresmales muy perfectas y exigentes, pero sin que esto trascienda a su relación con el prójimo. La Palabra de Dios nos llama a “abrir nuestra puerta” para que entre Dios, el Señor.
“Abramos la puerta de nuestro corazón”, y que las prácticas cuaresmales sean ante todo una ayuda personal para fortalecer nuestro espíritu en el cumplimiento de los mandatos divinos y en la disponibilidad para abrirnos con amor.
La intención de toda la Iglesia es caminar juntos en la Cuaresma como una gran comunidad hacia la Pascua. Pidámosle al Señor que vivamos así nuestra Cuaresma, pero que tiene un sentido: la respuesta a la Palabra de Dios que nos llama, que quiere abrir nuestras almas y que desea nuestra conversión y el cambio de vida, pero también que nos mueve a interesarnos unos por otros.
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