Santo Hermano Miguel – Memoria 9 de febrero

Santo Hermano Miguel

Religioso del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas

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En honor al centenario de su nacimiento se imprimió una estampilla oficial.

Francisco Febres Cordero Muñoz llamado religiosamente como Santo Hermano Miguel, nació en Cuenca el 7 de noviembre de 1854 y falleció en Premiá de Mar (Barcelona) el 9 de febrero de 1910.
El día de su nacimiento, sus padres se entristecieron al ver que el niño tenía los pies deformes, pero siempre estuvieron atentos al cuidado de su salud.
A los cinco años el pequeño aún no había dado los primeros pasos, pero sucedió que un día observando un rosal florecido en el jardín de su casa gritó: “Miren qué hermosa es la señora que está sobre las rosas”.
Acudieron sus padres y familiares, pero no vieron nada especial; sin embargo, el niño continuó diciendo: “Miren cómo es de hermosa. Tiene un vestido blanco y un manto azul y me llama”.
Y luego todos quedaron maravillados al ver que el niño se levantó y comenzó a caminar.
Estaba curado. La Virgen había obrado un milagro de manera impresionante.
En 1863 los Hermanos de las Escuelas Cristianas abrieron una escuela en Cuenca y entre los primeros alumnos figuraba él. 

Pese a la oposición de sus padres, Francisco, que desde sus más tiernos años acostumbra a confiar a la Virgen todas sus penas, encuentra en Ella la fuerza para seguir adelante en su propósito. Finalmente, el 24 de marzo de 1868, obtiene de su madre la autorización para ingresar en el noviciado de los Hermanos: es la víspera de la fiesta de la Anunciación. Al revestir el hábito lasallano, Francisco recibe el nombre de Hermano Miguel.
Con ello no cesa, sin embargo, la lucha por la fidelidad a su vocación. El padre de
Francisco, aun habiendo aceptado la decisión de su esposa, no escribe a su hijo una sola línea en cinco años. Entre tanto, el Hermano Miguel inicia su apostolado en las escuelas lasallanas de Quito. El joven profesor compondrá, entre otros muchos textos, catecismos para la infancia; siendo la catequesis el campo preferido de su actividad apostólica. De modo especial, reclamará y obtendrá siempre para sí el privilegio de preparar a los niños a la Primera Comunión, dedicándose a esta delicada labor hasta 1907, fecha de su viaje a Europa. Este asiduo contacto con los niños contribuirá a forjar una de las características más notables de su espiritualidad: la sencillez evangélica:

Exhumación de los restos del Santo, en Barcelona, en mayo de 1925, para que sus restos sean trasladados a la capilla parroquial de la villa ya que habían sido colocados en un humilde nicho del cementerio de Premiá.

“Sed sencillos como palomas”. “Si no os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos”. De esa sencillez será expresión su tierna devoción al Niño Jesús. Con la sencillez evangélica brillan también en él las virtudes propias de la vida religiosa: la pobreza, la pureza, la obediencia. Sobre todas ellas resplandece la caridad, que se nutre en la piedad eucarística y en la devoción a la Virgen. Una evidencia se impone pronto a sus contemporáneos: “El Hermano Miguel es un santo”.

A finales de enero de 1910, en España, contrae una pulmonía que su débil organismo no llega a superar. Tras una agonía de tres días y confortado con los santos sacramentos, el Hermano Miguel entrega su alma a Dios el 9 de febrero de 1910. La noticia de su muerte es acogida con emoción y llanto. La República del Ecuador proclama un duelo nacional.
En 1936, durante la revolución española, se lleva a cabo el traslado al suelo patrio de los restos mortales del siervo de Dios, que reciben una acogida triunfal. La tumba del Hermano Miguel se convierte
en centro de continuas peregrinaciones.
Llevados a término todos los requisitos acostumbrados, el Papa Pablo VI, el 30 de octubre de 1977 procede a la Beatificación del Hermano Miguel y, en el Consistorio del 25 de junio de 1984, el Pontífice Juan Pablo II fija para el 21 de octubre del mismo año la fecha de la Canonización.
El Papa Juan Pablo II, poniendo entre los Santos a este religioso ecuatoriano, ofrece a la Iglesia entera y particularmente a la del Ecuador, el modelo de un religioso culto, pero sencillo y humilde, de un catequista totalmente entregado a la obra de la evangelización, de un educador que ha ayudado a tantos jóvenes y niños a encontrar el sentido de su vida en Jesús y a vivir su fe como don y compromiso.

P. Gino Ruggiero, PES.

P. Gino Ruggiero, PES.

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