MADRE DE LA CONSOLACIÓN-Fiesta 4 de septiembre
Serenidad y consuelo
La protección de la Madre de la Consolación nos da serenidad y consuelo en las pruebas para que también nosotros podamos consolar a nuestros hermanos.
La Bienaventurada Virgen María es venerada como Madre de Consolación, porque a través de ella “Dios mandó al mundo al Consolador”, Cristo Jesús. La participación en los dolores del pasión de su Hijo y en las alegría de su resu-rrección la ponen en condición de consolar a sus hijos en cualquier aflicción en que se en-cuentren. Después de la ascensión de Jesu-cristo, en unión con los Apóstoles imploró con ardor y esperó con confianza al Espíritu Con-solador. Ahora, elevada al cielo, “brilla ante el pueblo peregrino de Dios como signo de segu-ra esperanza y consolación” (LG 69).
Al menos desde el siglo XVII, “Madre de Consolación” o “Madre de la Correa” es el título principal con que la Orden agustiniana honra a la Virgen. En 1439 obtuvo la facultad de eri-gir para los laicos la “cofradía de la cintura”. Una antigua leyenda, nacida en el seno de la Orden, narraba que la Virgen se había apare-cido a santa Mónica, afligida por la suerte de Agustín, consolándola y dándole una correa, la misma con que después se habrían de ceñir Agustín y sus frailes. De ordinario, la iconogra-fía representa a la Virgen y al Niño en el acto de entregar sendas correas, respectivamente, a santa Mónica y a san Agustín. En 1495 surgió en la iglesia agustiniana de Bolonia la cofradía de “Santa María de la Consolación”. En 1575 ambas cofradías se fusionaron en una única archicofradía de la Correa, a la que los papas enriquecieron con abundancia de indulgencias. En los últimos calendarios litúrgicos aprobados se la declara Patrona de la Orden.
La protección de la Madre de la Consolación nos da serenidad y consuelo en las pruebas para que también nosotros podamos consolar a nuestros hermanos.
Según la tradición, la Virgen María se le apareció a Santa Mónica y, consolando sus lágrimas, le entregó una correa para que ciñera su cintura.
Desde agosto de 1926, la Madre de la Consolación y Sagrada Correa es patrona de la Recolección agustiniana. El entonces Prior general, el beato Vicente Soler, firmó el documento que consagraba la Orden a la devoción mariana, que en las últimas décadas se había expandido por las comunidades agustinas recoletas. Fue precisamente el beato Vicente Soler junto con varios religiosos -el beato Julián Moreno, los padres Pedro Corro, Marcelo Calvo y Gre-gorio Alonso de la Consolación, años más tarde prelado de Marajó-, quienes a su paso fueron sembrando la devoción a Nuestra Señora de la Consolación en los diversos ministerios en los que le tocó vivir.
Aunque en su origen eran otras advocaciones las principales devociones marianas de la familia agustiniana, fue a partir de inicios del siglo XX cuando la Virgen de la Consolación fue entrando en el corazón de la Orden como Madre y Protectora. Al comienzo, eran sobre todo terciarios y cofrades, que fundaron cofradías dedicadas a la Consolación, los que promovieron y secundaron la devoción. La advocación de Nuestra Señora de la Consolación y Sagra-da Correa no fue tal en su origen, sino que es el resultado de la fusión de dos advocaciones distintas: la de la Virgen de la Consolación y la de la Virgen de la Correa.
Tanto la historia como la Virgen de la Consolación y Sagrada Correa sigue en el corazón de religiosos y devotos que se encomiendan a ella. Cada sábado, como indican Las Constituciones, en las comunidades agustinas recoletas se reza la salve a la Virgen de la Consolación.
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