Memorias

Santa Marta de Betania – Memoria 29 de julio

Marta y María eran dos hermanas, unidas no solo por su parentesco de sangre, sino también por sus sentimientos de piedad; ambas esta-ban estrechamente unidas al Señor, ambas le servían durante su vida mortal con idéntico fer-vor. Marta lo hospedó, como se acostumbra a hospedar a un peregrino cualquiera. Pero, en este caso, era una sirvienta que hospedaba a su Señor, una enferma al Salvador, una criatu-ra al Creador. Le dio hospedaje para alimentar corporalmente a aquel que la había de alimen-tar con su Espíritu. Porque el Señor quiso tomar la condición de esclavo para así ser alimenta-do por los esclavos, y ello no por la necesidad, sino por condescendencia, ya que fue realmen-te una condescendencia el permitir ser alimen-tado. Su condición humana lo hacía capaz de sentir hambre y sed.
Así, pues, el Señor fue recibido en calidad de huésped, Él, que vino a su casa, y los suyos no lo recibieron; pero a cuantos lo recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, adoptando a los siervos y convirtiéndolos en hermanos, re-dimiendo a los cautivos y convirtiéndolos en coherederos. Pero que nadie de vosotros diga: «Dichosos los que pudieron hospedar al Señor en su propia casa». No te sepa mal, no te que-jes por haber nacido en un tiempo en que ya no puedes ver al Señor en carne y hueso; esto no te priva de aquel honor, ya que el mismo Se-ñor afirma: Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis. Por lo demás, tú, Marta –dicho sea, con tu venia, y bendita seas por tus buenos ser-vicios–, buscas el descanso como recompensa de tu trabajo. Ahora estás ocupada en los mil detalles de tu servicio, quieres alimentar unos cuerpos que son mortales, aunque ciertamente son de santos; pero ¿por ventura, cuando lle-gues a la patria celestial, hallarás peregrinos a quienes hospedar, hambrientos con quienes partir tu pan, sedientos a quienes dar de beber, enfermos a quienes visitar, litigantes a quienes poner en paz, muertos a quienes enterrar?
Todo esto allí ya no existirá; allí sólo habrá lo que María ha elegido: allí seremos nosotros alimentados, no tendremos que alimentar a los demás. Por esto, allí alcanzará su plenitud y perfección lo que aquí ha elegido María, la que recogía las migajas de la mesa opulenta de la palabra del Señor. ¿Quieres saber lo que allí ocurrirá? Dice el mismo Señor, refiriéndose a sus siervos: Os aseguro que los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo.

enfermos a quienes visitar, litigantes a quienes poner en paz, muertos a quienes enterrar?
Todo esto allí ya no existirá; allí sólo habrá lo que María ha elegido: allí seremos nosotros alimentados, no tendremos que alimentar a los demás. Por esto, allí alcanzará su plenitud y perfección lo que aquí ha elegido María, la que recogía las migajas de la mesa opulenta de la palabra del Señor. ¿Quieres saber lo que allí ocurrirá? Dice el mismo Señor, refiriéndose a sus siervos: Os aseguro que los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo.
Santa Marta en la tradición de la Iglesia
Sobre la vida de santa Marta después de la resurrección de Jesús no existen datos histó-ricamente seguros, aunque según la leyenda de la Provenza, Marta fue con su hermana a Francia y evangelizó Tarascón. Se dice que allí fueron halladas, en 1187, las que podrían ser sus reliquias, todavía veneradas en su santuario.
Santa Marta se celebra el 29 de julio (anti-guamente con el adjetivo “virgen”, hoy elimina-do), y de ella se reza el oficio de Santas Muje-res. Sus atributos más comunes son el acetre e hisopo de agua bendita, el dragón (en Filipinas es un cocodrilo, por un milagro local), una lanza que termina en cruz, la antorcha (la luz de la fe), el libro (los evangelios), y en ocasiones un cesto o bandeja con frutos, en recuerdo de su hospitalidad. Es patrona del hogar, de las amas de casa, la hostelería, cocineras, lavanderas… tareas asociadas con su papel en los relatos bíblicos, donde se la muestra como una mujer servicial. Hay sitios donde se acostumbra a po-ner en la boca del dragón (la tarasca que aman-só), dentro del acetre o a los pies de Marta un papel con el nombre de los hombres rebeldes (los maridos infieles y difíciles).
Los primeros en dedicar una celebración li-túrgica a santa Marta fueron los franciscanos en 1262, el 29 de julio.

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