San Bernabé Apóstol
Persevervar con un corazón resuelto en el Señor
“La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo era común entre ellos. Los Apóstoles daban testimonio con mucho poder de la resurrección del Señor Jesús y gozaban de gran estima. Ninguno padecía necesidad, porque todos los que poseían tierras o casas las vendían y ponían el dinero a disposición de los Apóstoles, para que se distribuyera a cada uno según sus necesidades. Y así José, llamado por los Apóstoles Bernabé –que quiere decir hijo del consuelo– un levita nacido en Chipre que poseía un campo, lo vendió, y puso el dinero a disposición de los Apóstoles». (cf. Hch 4,32-37).
En el precedente texto del libro de los Hechos de los Apóstoles se menciona a José o Bernabé entre los que se reunieron alrededor de los apóstoles después de la muerte de Jesús en Jerusalén. Era una comunidad de creyentes que vivían fraternalmente compar-tiendo sus bienes. Otra tradición – reportada por Eusebio de Cesa-rea, que se inspira en Clemente Alejandrino – incluye Bernabé en-tre los 72 discípulos enviados por Jesús en misión para anunciar el Reino de Dios, por lo tanto lo in-cluye ya en el primer grupo de los seguidores de Cristo. En cuanto a sus orígenes, sabemos por el libro de los Hechos de los Após-toles que nació en la isla de Chi-pre, era judío y se llamaba José.(cf. Hch 4,36).
Cristiano en Jerusalén
Bernabé es uno de los discípu-los más reconocidos de la primera comunidad cristiana que, aunque no era de los Doce, también fue enviado como apóstol. En efecto, gracias a él, Pablo que acababa de convertirse en el camino a Da-masco fue acogido en Jerusalén por los apóstoles y la comunidad pues era claro que muchos des-confiaban de ese Saulo que había perseguido a los cristianos, (cf. Hch 9, 27) pero Bernabé lo acogió y lo introdujo en la comuni-dad. Considerado un «hombre virtuoso, lleno del Espíritu Santo y de fe», (cf. Hch 11,24), fue envia-do a Antioquía de Siria, de donde habían llegado noticias de numerosas conversiones. Una vez que notó que muchos creían verdaderamente, Bernabé se regocijó y exhortó a todos «a per-severar con un corazón resuelto en el Señor», y luego pidió a Pablo ayuda para ser apoyado en su servicio a la nueva comunidad de creyentes. Una vez más, por lo tanto, Bernabé intervino en la vida de Pablo, empujándolo hacia su misión como Apóstol de los Gentiles. Los dos perma-necieron en Antioquía durante un año instru-yendo a muchos y fue aquí donde «por primera vez los discípulos se llamaron cristianos». (cf. Hch 11,22-26).
“La santidad no consiste en no equivocarse o no pecar nunca. La santidad crece con la capacidad de conversión, de arrepentimiento, de disponibilidad para volver a comenzar,
y sobre todo con la capacidad de reconciliación y de perdón”.
Benedicto XVI
En una larga misión con Pablo
Después de la predicación en Antioquía, Ber-nabé y Pablo parten para una nueva misión en Chipre. Con ellos también está Juan, llamado Marcos (el evangelista), primo de Bernabé. La siguiente etapa es Panfilia, pero aquí el inex-perto Juan decide regresarse a Jerusalén (tal vez por miedo). Bernabé y Pablo continúan, ha-cia Antioquía de Pisidia, Iconio, Listra, Derbe y, fnialmente, regresan de nuevo a Antioquía de Siria. También van a Perge y a Atalia. El cre-ciente número de conversiones de los gentiles dio lugar a disputas sobre si la circuncisión era necesaria, por lo que, alrededor del 49, Berna-bé y Pablo regresaron a Jerusalén para discu-tirlo con los apóstoles. (cf. Hch 15,1-35). Poco después los dos se prepararon para una nueva misión, pero Bernabé quería volver a viajar con Juan, mientras que Pablo, (aún resentido por el abandono anterior), estaba en contra: no confiaba en el joven. Bernabé, en cambio, vio en él a un discípulo por recuperar. Al no encontrar un acuerdo, sus caminos se dividieron: Berna-bé se embarca para Chipre con su primo. Pa-blo, en cambio se va a Asia. (cf. Hch 15,36-40). “ También entre los santos existen contrastes, discordias, controversias. Esto me parece muy consolador, pues vemos que los santos no han caído del cielo”, dijo Benedicto XVI recordando el vínculo entre Bernabé y Pablo en la catequesis de la Audiencia General del 31 de enero de 2007, y añadió: «La santidad no consiste en no equivo-carse o no pecar nunca. La santidad crece con la capacidad de conversión, de arrepentimien-to, de disponibilidad para volver a comenzar, y sobre todo con la capacidad de reconciliación y de perdón». De hecho, más tarde, Pablo hablará de nuevo de Marcos como su colaborador, en su carta a Filemón y en la segunda a Timoteo.
Desde Italia hasta el martirio en Salamina
El Nuevo Testamento ya no nos da más noti-cias ciertas sobre Bernabé, pero algunos textos bizantinos hablan de un viaje con Pedro que lo lleva a Roma. Desde allí habría continuado hacia el norte de Italia. En Milán, en particular, su pre-dicación habría dado lugar a varias conversiones y a la primera comunidad cristiana de la ciudad, que por esta razón lo considera su primer obispo. Las Actas de Bernabé, una obra ya del siglo V, cuenta su muerte en Salamina, donde habría sido apedreado por los judíos sirios en el año 61. Hoy en día en Salamina la tumba de Bernabé todavía existe y se dice que se habría aparecido en un sueño al obispo de Salamina, Anthemios, a fina-les del siglo V, quien habría trasladado los restos del apóstol a la basílica que quiso dedicarle.
Texto: www.vaticannews.va

