Monseñor Antonio Arregui
Monseñor Antonio Arregui, en la paz del Buen Pastor
Jamás perdió la sonrisa
ni dejó de extender su mano
Una gráfica para el recuerdo, Mons. Antonio Arregui
Yarza (+) junto a San Josemaría Escrivá de Balaguer
y el beato Álvaro del Portillo, todos pertenecientes a la Prelatura Personal del Opus Dei (Obra de Dios).
El querido monseñor Antonio Arregui, arzobispo emérito de Guayaquil, falleció el jueves 5 de febrero de 2026 en la ciudad de Guayaquil, a los 86 años de edad. Se encontraba retirado del servicio eclesial al momento de su deceso y estaba muy delicado de salud.
El Ecuador, pero muy especialmente la ciudad de Guayaquil, sienten la partida de monseñor, ya que para quienes lo conocimos y lo tratamos, fue un padre amoroso, siempre presto a ayudar con su palabra y testimoniando al Cristo vivo,
cabeza de la Santa Iglesia Católica. Amó muchísimo a la Iglesia, y también, por qué no decirlo, a la Radio La Voz de María 88.1 FM y a su filial, la revista ¡Salve Regina! de quien fue columnista por varios años, cumpliendo siempre esta labor de forma puntual y esmerada. Cada vez que se le solicitaba nos conceda el honor de presidir la Santa Misa, lo hacía con mucha alegría, su solícita presencia bastaba para dar más realce a la ceremonia que se estuviese realizando. Visitó por muchos años la Radio, concediendo la bendición a cientos de oyentes y voluntarios que asistían a las celebraciones de misas, de programas o de convivencias. Realmente, monseñor ha dejado un legado de bondad, de solidaridad, de amor a todos nosotros. Que el Señor Misericordioso, le tenga reservado un gran lugar en su Casa, como buen hijo que fue él, llevando a miles de almas a reencontrarse con Cristo y con la Virgen María. Paz en su tumba.
A continuación, un resumen de la página del
Opus Dei, donde se detalla su biografía.
“Mons. Antonio Arregui nació en España en 1939 y desarrolló una parte fundamental de su vida pastoral en el Ecuador, especialmente en Guayaquil. A lo largo de su trayectoria ministerial, se desempeñó como obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Guayaquil y, posteriormente, asumió el cargo de arzobispo, función que ejerció entre los años 2003 y 2015.
El abrazo fraterno de dos hermanos que se quisieron siempre bajo el amparo de nuestra Santa Iglesia y grandes amigos y servidores de nuestra casa, Radio La Voz de María y de la revista ¡Salve Regina! Mons. Antonio Arregui Yarza (+) y Mons. Hugolino Cerasuolo Stacey (+).
Durante su gestión al frente de la arquidiócesis, Arregui tuvo una presencia activa en la vida pastoral y social de la ciudad, liderando diversos procesos eclesiales y acompañando a la comunidad católica en momentos clave.
Nació en el pequeño municipio de Oñate, provincia de Guipúzcoa, en el País Vasco, al norte de España, el 13 de junio de 1939.
En 1957, tras concluir su bachillerato en el Instituto Peñaflorida de San Sebastián, conoció el Opus Dei y, a sus tempranos 18 años, decidió dedicar su vida al servicio de las almas, allí donde Dios dispusiera.
Estudió Teología y Filosofía en el Studium Generale del Opus Dei, y completó su formación con dos doctorados: uno en Derecho Canónico, por la Universidad Angelicum, y otro en Jurisprudencia, por la Universidad de Navarra.
El 13 de marzo de 1964 recibió la ordenación sacerdotal. Cuando se le preguntó si estaba dispuesto a servir en el Ecuador —en la mitad del mundo— no vaciló. Partió de inmediato hacia ese “lejano” país tropical que lo acogió en 1965. Desde entonces, su historia pastoral quedó íntimamente ligada al Ecuador, donde residió durante 62 años.
El amor por esa tierra fue inmediato: por su historia, su geografía, su dinamismo social y porque le permitía cumplir uno de sus anhelos más profundos: servir a las personas como confesor, administrador de sacramentos, capellán de diversas instituciones e impulsor de numerosas obras de asistencia para quienes padecían necesidades. A pesar de las dificultades —que nunca faltaron— jamás perdió la sonrisa ni dejó de extender su mano para ofrecer un detalle, una palabra o un consuelo a quien lo necesitara
Antes de asumir responsabilidades episcopales, dedicó largos años a la formación cristiana y académica, y a la evangelización mediante los medios de comunicación, llegando a dirigir Radio Católica Nacional. En un Ecuador en transformación, supo comprender que la fe también requería voz pública, presencia y claridad.
En los años ochenta colaboró decisivamente en un acontecimiento histórico para el país: coordinó la visita de san Juan Pablo II al Ecuador. Aquella visita fue, para muchos, un soplo de esperanza; y Mons. Arregui estuvo allí, entre bastidores, haciendo posible lo extraordinario con paciencia, orden y una serenidad contagiosa.
El 4 de enero de 1990 fue nombrado obispo auxiliar de Quito. Posteriormente fue trasladado a Ibarra, donde ejerció su ministerio desde el 25 de julio de 1995 hasta el 7 de mayo de 2003, cuando san Juan Pablo II lo designó arzobispo de Guayaquil. Su gestión se distinguió por el impulso a la vida pastoral, la promoción de la comunión eclesial y una especial dedicación a las vocaciones sacerdotales y a la vida cristiana de la ciudad.
El 24 de septiembre de 2015 presentó su renuncia al cumplir los 75 años, conforme lo establece el Derecho Canónico; meses después fue aceptada por el papa Francisco. Desde entonces, retomó plenamente su labor sacerdotal como miembro del Opus Dei: predicando, confesando y administrando sacramentos en las labores apostólicas de la Prelatura.
Fue presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana en varios períodos y participó como Padre Sinodal en la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre la Nueva Evangelización, convocado por el papa Benedicto XVI.
Además de sus responsabilidades académicas como catedrático de la Universidad de Navarra y del Seminario Mayor de Ibarra, director de Radio Católica Nacional y del Óbolo de San Pedro, Mons. Arregui prestó particular atención a obras de carácter social y pastoral en Quito: el Banco de Alimentos, iniciativas educativas para jóvenes, programas de profesionalización para trabajadores, proyectos de fortalecimiento familiar y el acompañamiento pastoral a las comunidades indígenas del país. Aunque solo en 1986 obtuvo la nacionalidad ecuatoriana, su cariño por ese país nació desde el primer día”
opusdei.org

