Se establece el ministerio del Catequista

Se establece el ministerio
del Catequista

El Papa Francisco instituyó el ministerio laical de catequista con la carta apostólica en forma de motu proprio “Antiquum ministerium” (Antiguo ministerio).
Con esto se busca institucionalizar este papel dentro de la Iglesia católica y permitir una mejor formación de los laicos para la transmisión de la fe.
El ministerio del catequista en la Iglesia es muy antiguo y está muy extendido, es una persona esencial en cualquier parroquia y comunidad cristiana.
Lo que hizo el Papa es instituirlo de manera oficial, elevarlo de categoría. En la Sagrada Escritura nos encontramos que san Pablo, cuando escribe a los pobladores de Corinto (1 carta, capítulo 12), describe las funciones existentes dentro de una comunidad cristiana: los apóstoles, los profetas, los maestros, los que tienen el poder de hacer milagros, la curación de enfermedades, el cuidar de los pobres, etc.

Entre estos carismas de la Iglesia, se encuentra la del maestro. Es decir, en la Iglesia de hace dos milenios, ya habían personas que se encargaban de enseñar el Evangelio y formar a la gente en la fe.
Hoy en día, está la figura del catequista, que guía a la comunidad para acompañarla y formarla.
Esto que ya existía se ve en el Nuevo Testamento y ha seguido vivo en la Iglesia, quizá sin este rasgo de estar instituido, pero está presente. La Iglesia
reconoce desde siempre el servicio que hacen los catequistas, quienes facilitan la misión evangelizadora.
En la historia de la evangelización se ve lo eficaz de la misión de los catequistas. En países como Japón o Corea, cuando estuvieron décadas viviendo sin sacerdotes por ser perseguidos y expulsados, la fe se hizo presente por la acción de los catequistas quienes se jugaban la vida.
Se fundaron incluso órdenes al servicio de las catequesis.
Es decir, se va recorriendo un camino de activación del laicado que comenzó con el Concilio Vaticano II, en la que se pone en marcha la vida de los fieles laicos y se les hace responsables de una misión, de una vocación que está al servicio de la Iglesia. No es competencia solo del sacerdote, sino también de los laicos, el crecimiento espiritual de la feligresía.
En su dignidad propia de hijos de Dios, todos los creyentes bautizados están llamados a ejercer este ministerio de catequista en la Iglesia. Es importante anotar que en nuestra Iglesia que peregrina en Ecuador son innumerables los laicos que participan directamente en la difusión del Evangelio a través de la enseñanza catequística. Hombres y mujeres, jóvenes, matrimonios, padres de familia, consagrados animados por una gran fe y auténticos testigos de santidad que ejercen en todo el territorio nacional un papel muy importante en la educación de nuestros niños, jóvenes y adultos.
Esta iniciativa del Papa Francisco debe animar a todas las jurisdicciones eclesiásticas del Ecuador, a sus señores obispos, presbíteros, diáconos, delegaciones de catequesis a comprometerse:
* A apoyar en cada iglesia particular un itinerario formativo para los catequistas, tanto en su formación inicial como la permanente.
* A preocuparse por la espiritualidad de los catequistas.
* Reconocer que el catequista es un testigo de la fe, maestro y mistagogo, acompañante y pedagogo.

Por Lic. Cristóbal Flores Borja

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