En tiempos de COVID…

S. S. Francisco plantea la pandemia como un “tiempo de prueba y elección”. Tal y como expuso en la vigilia de oración el 27 de marzo, “el coronavirus, ‘como una tormenta’ sorprendió a todos, cambiando la vida familiar, el trabajo y las actividades públicas y dejando a su paso muerte, penurias económicas y distancia de la Eucaristía y de los sacramentos”.
Esta dramática situación, que desenmascara la vulnerabilidad del hombre, su inconsistencia y su necesidad de redención y cuestiona muchas certezas ha desencadenado “interrogativos fundamentales sobre la felicidad” y “sobre el tesoro de nuestra fe cristiana”.
¿Dónde están las raíces más profundas que nos sostienen a todos en la tormenta? ¿Qué es realmente importante y necesario? La pandemia, continúa el Pontífice “es una señal de alarma” que nos lleva a reflexionar precisamente sobre esto.
“Es un tiempo de prueba y elección para que podamos orientar nuestras vidas de una manera renovada a Dios, nuestro apoyo y nuestra meta”.
El Papa insiste en su llamado a la “solidaridad” y al “servicio”, contra la “injusticia global” y la indiferencia. De hecho, la situación de emergencia conduce a entender cuánto “dependemos de la solidaridad de los demás y nos empuja a servir a los que nos rodean de una manera nueva”. «Debemos ser sacudidos por la injusticia mundial”, nos dijo, “para poder despertar y escuchar el grito de los pobres y de nuestro planeta, tan gravemente enfermo”.
Por otra parte, el Papa Francisco resalta que el inicio de la pandemia coincidió con el tiempo de la Pascua y de ahí procede el mensaje que ilumina el presente y el futuro y evita la parálisis.
Se trata del mensaje de la victoria de la vida sobre la muerte: “La Pascua nos da esperanza, confianza y valor, nos fortalece en la solidaridad y en la fraternidad”.
El peligro del contagio de un virus debe enseñarnos otro tipo de “contagio”, el del amor, que se transmite de corazón a corazón.
El Papa está agradecido por los muchos signos de disponibilidad a la ayuda espontánea y de compromiso heroico del personal sanitario, de los médicos y de los sacerdotes. En este tiempo de coronavirus hemos sentido la fuerza que provenía de la fe.
Para concluir, el Santo Padre recuerda el “doloroso ayuno eucarístico” que muchos cristianos han experimentado (y hay que anotar con dolor que muchos también han criticado) debido al cese de las celebraciones públicas y la solución de emergencia de las transmisiones mediáticas.

No obstante, también subraya que ninguna “transmisión virtual puede sustituir la presencia real del Señor en la celebración eucarística”. A ello se debe la alegría por la reanudación de la vida litúrgica normal, pues “la presencia del Señor Resucitado en su Palabra y en la celebración eucarística nos dará la fuerza necesaria para afrontar los difíciles problemas que nos esperan después de la crisis”.
Y a toda la humanidad, como Jesús a los discípulos de Emaús repite, como signo de esperanza para el futuro: “No tengan miedo! Yo he vencido a la muerte”.

Nueva Encíclica del Papal


“Hermanos todos”

El Papa firmará su documento el 3 de octubre en Asís. Sobre la tumba del santo que comprendió la fraternidad en cada criatura de Dios y la transformó en una canción intemporal. A partir de ahí comienza la nueva etapa del Magisterio del Papa que ha elegido llevar el nombre del Santo de Umbría. Después de La Lumen fidei (2013) y Lau-dato si’ (2015) – que también se hace eco en el título del Cántico de las Criaturas – esta vez es la ciudad del “Po-verello”, en donde anunciará la tercera Encíclica “Fratelli tutti” (Hermanos todos) sobre la fraternidad y la amistad social, que se inspira en el título de los escritos de san Francisco: “Miremos, todos los hermanos, al buen pas-tor que sostuvo la Pasión de la Cruz para salvar a sus ovejas”. (Admoniciones, 6, 1: FF 155).
El título del último documento se refiere a un valor cen-tral del Magisterio de Francisco, que en la noche de su elección, el 13 de marzo de 2013, se presenta al mundo con la palabra “hermanos”.
La “hermandad humana” que, según el Papa Fran-cisco, “nace de la fe en Dios que es Padre de todos y Padre de la paz”.

El Papa insiste en su llamado a la “solidaridad” y al “servicio”, contra la “injusticia global” y la indiferencia. De hecho, la situación de emergencia conduce a entender cuánto “dependemos de la solidaridad de los demás y nos empuja a servir a los que nos rodean de una manera nueva”. «Debemos ser sacudidos por la injusticia mundial”, nos dijo, “para poder despertar y escuchar el grito de los pobres y de nuestro planeta tan gravemente enfermo”.

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